- 2 años de la ley de derechos colectivos afroecuatorianos en el olvido!
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- ¿El momento de la involución del movimiento afroecuatoriano?
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- Por: Jhon Antón Sánchez
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- Ya han pasado dos años en blanco de “la ley de los negros o afroecuatorianos”. Dos años sin pena ni gloria. Diríamos que en el completo olvido. Nadie habla de ella. Ni el Gobierno, ni las organizaciones, ni los líderes la invocan. La ley derecho colectivos de los pueblos negros o afroecuatorianos, publicada en el registro oficial Nro 275 del 22 de mayo de 2006, yace en los anaqueles, sin importancia, como un cadáver insepulto.
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¿Conoce usted esta ley? ¿Sabía usted que es la segunda vez que el Estado ecuatoriano legisló a favor del pueblo negro? (la última vez fue en 1852 para abolir la esclavización) ¿Sabia usted que solo 3 países en América Latina tienen legislación
específica sobre los afrodescendientes?
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La ley de derechos colectivos fue una aspiración central del movimiento afroecuatoriano. Hubo muchos intentos fallidos durante los años 90s para que el Congreso aprobara un estatuto para la reivindicación de los derechos humanos del pueblo afro. En medio de una coyuntura especial el diputado afroesmeraldeño Rafael Erazo comenzó una cruzada titánica para que un Congreso liderado por el racismo neoliberal aprobara un proyecto de ley. El trámite duró dos años (2005 y 2006). Fue necesaria la estrategia y la táctica política. Hubo movilizaciones, talleres, reuniones, incluso se repartió cocadas y hubo que, en ocasiones, acudir a las “técnicas de procedimientos parlamentarios”. Pero al final, luego de muchas tensiones, el pueblo afro logró que el Congreso le reconociera sus derechos colectivos al territorio, la identidad, la participación, la consulta previa, la biodiversidad y los recursos naturales y a espacios institucionales.
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La expedición de la ley fue un logro táctico dentro de la estrategia de desarrollo y combate a racismo por el pueblo afro. Sin embargo esta ley no ha tenido la resonancia ni impacto esperado. Parecería que no ha pasado nada con esta ley. Contrario a lo que se esperaba, ni el gobierno, ni la sociedad civil, ni el pueblo afro de a pie, le han dado la dimensión e importancia que pudiera tener.
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Y es que los hechos para pensar que la ley no importa son concretos: En dos años la ley no se ha reglamentado; no hay una agenda programática de desarrollo jurídico; ni siquiera hay ejemplares repartidos a demás del único que sacó Rafael Erazo; ni un artículo está en ejecución. Parece una “Pobre ley”, sin doliente, sin que a nadie le importe.
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¿Por qué esta situación? Para un sector del movimiento negro la ley no representaba sus intereses corporativistas y electorales. Más bien la ley no estaba en sus cálculos políticos de control del escenario gubernamental. De otra parte, el sector que impulsó la ley, una vez pasado el entusiasmo de la aprobación se dispersó, y se olvidaron que más difícil que la aprobación es la reglamentación.
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Hay muchos detalles de esta pugna entre sectores del movimiento afroecuatoriano que no son necesario ilustrar, por falta de espacios. Pero puedo inferir que el olvido de la ley es reflejo de la falta de claridad estratégica del movimiento afro. Las oportunidades políticas y el impacto simbólico que pudiera generar la reglamentación de la ley son innegables.
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El movimiento afro tiene ahora un reto político de mayor responsabilidad. Reglamentar y hacer cumplir esta ley más que un recurso de oportunidad sería una demostración de lo vanguardista que pudieran ser, justo cuando estamos inaugurando una etapa pos multicultural donde luego de la euforia de la inclusión identitaria institucional está pasando, para dar paso peligrosamente a un nuevo ciclo de intolerancia radical, donde el racismo estructural, la pobreza y la invisibilización como pueblo es cada vez más patente. Creo que estoy presenciando el momento de la involución.
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